DICIEMBRE CON PROPÓSITO: LA NAVIDAD EN ESENCIA

Diciembre con Propósito: La Navidad en Esencia

Una Navidad para sentir, no para cumplir.

Llegó diciembre… casi sin darnos cuenta. Otro año que se va, otro ciclo que se cierra..Quizá este año te trajo retos. Quizá te regaló alegrías inesperadas. O tal vez fue una mezcla extraña de ambas. Sea como sea, mereces reconocer que llegaste hasta aquí.

Es el momento de preguntarnos si nuestras expectativas se cumplieron, de reconocer lo aprendido y de honrar lo vivido, incluso aquello que no salió como pensábamos. Diciembre también es, para muchos, el mes del consumismo en su máximo esplendor: decoraciones perfectas, regalos por compromiso, ropa para eventos, compras de última hora, comilonas infinitas… La sociedad nos empuja a hacer, a gastar, a cumplir, mientras que lo esencial —lo íntimo, lo auténtico— queda en un segundo plano.

Y sin embargo, este mes guarda un recordatorio esencial: la Navidad nació como un acto de luz, de fe y de esperanza. Como un gesto divino que nos invita a creer en lo invisible, en lo sutil, en lo que nos sostiene incluso cuando no lo vemos.

LA NAVIDAD: VOLVER A LA LUZ, A LA FE Y A LO ESENCIAL

Diciembre vuelve cada año como ese invitado que llega sin avisar: cuando te quieres dar cuenta, ya está sentado en tu salón, con turrón, luces y planes que no pediste.

Y aun así, trae un mensaje profundo que cuesta ver entre tanto ruido. Porque sí, hoy la Navidad parece una competición de “quién decora antes” y de “quién sobrevive a más cenas sin estallar emocionalmente (ni físicamente)”.

Pero en su origen, la Navidad era justo lo contrario: silencio, humildad, fe y un nacimiento sagrado en mitad de la nada.

La historia cuenta que Jesús nació en una noche fría, en un establo, rodeado de oscuridad. Nació sin adornos, sin abundancia, sin ruido.

Y tal vez ahí está la esencia más pura de la Navidad: la luz que llega en medio de la simplicidad, el amor que aparece donde menos lo esperamos, a esperanza que renace incluso cuando todo parece pequeño.

Durante generaciones, diciembre no era un mes de compras, sino un mes de familia, espiritualidad y comunidad. la familia se reunía para rezar, agradecer y cantar villancicos desafinado —porque nadie exigía que sonaran perfectos—. Lo importante era estar juntos, no lucir juntos.

Había un anhelo común: el de sentir que Dios estaba cerca.

Quizás hoy, entre tantas luces, tantas compras y compromisos, corremos el riesgo de olvidarnos de lo esencial: lo que más falta nos hace es volver a la luz interior. Recordar que estos días no van de tener más, sino de ser más:

más presentes, más conscientes, más agradecidos.

Porque más allá de la tradición, diciembre es un mes espiritual: un mes para sentir que no caminamos solos, que algo más grande nos acompaña, que hay una luz que no depende de las circunstancias externas.

Solo hay que hacer algo heroico (y muy navideño): PARAR:

Parar de correr, parar de comprar por inercia, parar de cumplir por obligación. Porque, seamos honestos: la mitad de las cosas que hacemos en diciembre, ni las necesitamos… ni las disfrutamos.(Como estar en la tercera cena del mes pensando: “¿Esto era celebración… o castigo?”.)

Cuando bajamos el ritmo y escuchamos con el corazón, podemos conectar con Dios, con la vida, con nuestra alma. Podemos recordar que siempre hay una fuerza amorosa que sostiene, que guía, que ilumina lo que viene. Quizás ahí esté la primera gran lección espiritual de diciembre: o divino no necesita adornos; solo necesita espacio.

Este año, tal vez la propuesta sea más sencilla:

volver a lo que realmente hace sagrado este mes.

Volver a la familia —la perfecta, la imperfecta, la elegida—.

Volver a la fe —a tu forma de conectar con Dios, con la vida, con algo más grande—.

Volver a la magia —la auténtica: la que no se compra, la que se siente—.

Porque la Navidad, en su corazón más profundo, no es un escaparate: es un gesto sagrado de amor que nació en silencio y que aún hoy nos sigue iluminando. Y quizás, solo quizás, si este diciembre volvemos a esa esencia, descubramos que el verdadero milagro de la Navidad, no está en lo que hacemos, sino en lo que permitimos sentir.

INTENCIONES DEL MES

- Regalos con historia.
Elegir lo hecho a mano, lo artesanal, lo de segunda mano.
Regalar sentido, no cosas.
- Elegirte a ti.
Decir no a los compromisos vacíos.
Sí a tu paz, a tus ritmos, a lo que te nutre.
-Equilibrio sobre exceso.
Menos ruido, más presencia.
Menos deberes, más verdad.
- Energía Lunar
5 dic – Luna llena: claridad y cierre.
20 dic – Luna nueva: preparar el alma para el año nuevo.
- De Temporada
Verduras: coliflor, brócoli, coles de Bruselas, calabaza, boniato, espinacas.
Frutas: mandarina, naranja, kiwi, granada, manzana, pera.
- Flores del Mes
Flor de Pascua • Cactus de Navidad • Acebo • Muérdago
Símbolos de luz, fortuna y renacimiento en pleno invierno.
“En Navidad, todos los caminos llevan a casa.” — Marjorie Holmes
Diciembre con Propósito: La Navidad en Esencia
Diciembre con Propósito: La Navidad en Esencia